¿Necesitamos un impuesto antiobesidad?

No es nuevo decir que las cifras de obesidad son cada vez mayores y parte de culpa de este aumento del sobrepeso, que algunos expertos tratan de epidemia, la tienen los alimentos ricos en grasas saturadas.

hamburguesa

Para poner solución al problema, Dinamarca se convirtió en el primer país en gravar este tipo de alimentos en 2011, con un recargo de 2’15 euros por cada kilo de grasa saturada, aunque hace poco tuvo que retirar dicha medida. Otras medidas que ha planteado la Academy of Medical Royal Colleges al respecto son prohibir la publicidad de alimentos ricos en grasas saturadas, azúcar y sal antes de las 21:00 horas; más impuestos sobre las bebidas azucaradas; reducción de puntos de venta de comida rápida cerca de escuelas o centros de ocio y etiquetas en los alimentos para incluir información sobre las calorías, entendibles incluso por niños.

A primera vista, el aumento del precio de alimentos no recomendables con un impuesto especial puede hacer bajar su consumo y las empresas de alimentación puede que se decanten por producir alimentos más sanos no penalizados por un impuesto. Si el Estado aumenta los impuestos de bienes y servicios que perjudican a la sociedad se podrían bajar, por ejemplo, aquellos que van en contra de la sanidad y la educación o se podría aumentar el gasto público con el dinero recaudado de esos impuestos en servicios públicos que se están viendo muy afectados por la actual crisis económica.

Pero, ¿cómo determinar si un alimento es saludable o no? Establecer criterios objetivos es una difícil tarea. Este impuesto indirecto, que hace pagar a todos por igual independientemente del poder adquisitivo de cada persona, lo entenderíamos como un impuesto meramente recaudatorio destinado a seguir pagando la deuda del Estado que crearon unos pocos y no a financiar servicios públicos para los ciudadanos, por mucho que lo disfrazasen con la excusa de mejorar ciertos hábitos alimenticios. Subir impuestos detrae dinero de la economía real, disminuyendo así el consumo, la actividad económica y el crecimiento económico.

Resultarían mucho más efectivas medidas como establecer límites máximos de grasas saturadas, eliminar la publicidad de comida basura dirigida a niños y sobre todo, concienciar a la sociedad de lo importante que es alimentarse correctamente y hacer ejercicio. La vía del impuesto no es solución para el problema de la obesidad.

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Acerca de Alberto

Diplomado en Ciencias Empresariales. Técnico Superior en Gestión Comercial y Marketing.
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